Viajando por Roma




En un año en el que he tenido la oportunidad de viajar bastante por Europa, he podido visitar Roma, también conocida como “La Ciudad Eterna” y la verdad es que no ha tenido desperdicio. Desde sus calles con adoquines y sus plazas hasta las ruinas y el Coliseo, todo, absolutamente todo merece la pena de principio a fin. Y tal y como yo lo disfruté, quiero dejarlo también aquí plasmado, así que sin más dilación, comienza mi viaje por Roma.

El viaje comenzó a las 07:00 horas de la mañana cuando, junto con mi madre, mi tía y mi prima, embarque en un avión de Air Europa rumbo a Italia, la primera vez que pisaría este país con forma de bota. Tras un vuelo de lo más tranquilo, aterricé en Roma sobre las 09:00 horas y allí comenzó el viaje. 

En el trayecto del aeropuerto al hotel, ya me quedé impresionada al ver por la ventanilla del coche todo lo que me depararía en los cuatro días que allí estaría. Mi hotel, el Hotel Trevi, estaba pegado a la mismísima Fontana de Trevi, primer monumento que visité y en el cual lo primero que hice fue tirar de tradición y tirar mi moneda a la fuente que comenzó a ponerse en pie en el año 1629. Esta obra fue terminada en el año 1762 por Giovani Pannini, tras haber podido ser en primera instancia obra de Gian Lorenzo Bernini y que finalmente, y tras la muerte de éste, quedó en favor de Nicola Salvi. Los trabajos de esta fuente comenzaron en el año 1732 para acabar su construcción exactamente 30 años después y las esculturas que la componen son de diversos autores como El Océano de Pietro Bracci o las estatuas de la Abundancia y de la Salubridad, esculpidas por Filippo della Valle.

La tradición de la moneda sostiene que los visitantes que lanzan una moneda a la fuente aseguran su regreso a Roma. Una interpretación actual es que, además, dos monedas llevan a un nuevo romance y tres aseguran un matrimonio o un divorcio. Otra versión de esta leyenda es que trae suerte arrojar tres monedas con la mano derecha por encima del hombro izquierdo a la fuente. Se desconoce si hay informaciones fidedignas que avalen mínimamente tales leyendas, pues podrían acabar desvirtuadas y relegadas por la decepción al olvido.

Aún así, se estima que se arrojan unos 3000€ diarios a la fuente, aunque este número va en aumento. En 2010 se obtuvieron 383.000 euros, mientras que en 2011 fueron rescatados 951.000 euros. El dinero se ha usado para financiar un supermercado para los romanos necesitados. Pero a pesar de esto, regularmente hay intentos de robar las monedas de la fuente.


Fontana de Trevi
Fontana de Trevi




De la Fontana paseé por Roma y disfrutamos de todas sus vistas y sus ruinas con sus columnas derruidas por las calles. Tras visitar por fuera monumentos como el Coliseo, visita que dejaría para otro día, me adentré en el Museo Centrale del Risorgimiento, un monumento increíble que tienes que visitar si acudes a esta ciudad. Sobre todo, verlo de noche es espectacular y ya si vas en navidad, como ha sido mi caso, ver el gigantesco árbol de Navidad con el museo de fondo no tiene precio.

Museo Centrale del Risorgimiento

Volví a pasear por Roma, esta vez de noche, y volví a visitar la Fontana de Trevi para ver lo espectacular que es también por las noches. Siempre está llena de gente, sea la hora que sea. Y sé lo que digo, ya que en los cuatro días que estuve en Roma pasaba por allí, por lo menos, dos veces al día, porque total, me pillaba al lado del hotel. 

Al día siguiente, el segundo día en Roma, fuimos a visitar el Vaticano, que es impresionante y que, por cierto, es uno de los seis microestados europeos junto con Andorra, Malta, Liechtenstein, San Marino y Mónaco. Desde España contratamos una visita guiada que nos incluía los Museos del Vaticano, la Basílica de San Pedro y su plaza y la Capilla Sixtina, todo realmente impresionante. Es increíble como en aquella época con tan pocos recursos podían hacer cosas tan grandiosas. 

Durante el recorrido por los Museos del Vaticano, pudimos observar grandes obras de arte como las esculturas del Discóbolo de Mirón de Eléuteras o el Laocoonte de Atenodoro de Rodas; la Puerta del Paraíso de Lorenzo Ghiberti; los increíbles tapices que decoraban los pasillos de los Museos Vaticano y por supuesto, las pinturas de la Capilla Sixtina (El Juicio Final) obras de Miguel Ángel. 


Conjunto de obras de arte dentro de los Museos del Vaticano

La Basílica de San Pedro es algo realmente increíble también. Es inmensa y amplia. Es bastante curioso que tengan allí, a la vista de todos, a tres de los antiguos Papas fallecidos, fue algo que me llamó bastante la atención. Estos Papas son Pío XII, Pablo VI y Juan XXIII. Cuando mueren y pasan 20 años, solo aquellos que han sido canonizados tienen este privilegio de estar expuestos en cuerpo presente ante miles y miles de turistas en la Basílica de San Pedro. Para ello, al esqueleto le ponen una máscara al igual que unos guantes en las manos para que los visitantes no lleguen a ver los huesos del cadáver, es realmente impactante. 

Junto a Pío XII, Pablo VI y Juan XXIII se unirá Juan Pablo II cuando hayan pasado los años necesarios para poder sacarlo de su tumba y así evitar las posibles epidemias como la peste. La tumba de Juan Pablo II también está expuesta en el Vaticano en el lugar en el que en un futuro sí podremos ver el cuerpo real del pontífice, pero hasta el momento, los turistas que visiten la Basílica solo podrán ver el espacio en el que se encuentra su féretro. 

Dentro de la Basílica encontramos también multitud de obras de arte como la Piedad de Miguel Ángel o la increíble cúpula que se eleva a una altura total de 136,57 metros desde el suelo hasta la parte superior de la cruz externa, siendo la cúpula más alta del mundo. Fue obra de Miguel Ángel Buonarroti y a su muerte, la continuó su discípulo Giacomo Della Porta. 

Conjunto de obras de arte de la Basílica de San Pedro

La Plaza de San Pedro es inmensa. Llena de columnas por aquí y por allá. Si te sitúas en el centro de la Plaza no llegas a ver dónde está el fin. Las dimensiones de la plaza son espectaculares: 320 metros de longitud y 240 metros de anchuraEn las liturgias y acontecimientos más destacados, la Plaza de San Pedro ha llegado a albergar más de 300.000 personas. Es 100% recomendable. Esta plaza fue enteramente proyectada por Gian Lorenzo Bernini entre 1656 y 1667 y es considerada como la explosión del gran teatro barroco de la época como sistematización del poder de la iglesia católica.


Plaza de San Pedro y columnata, Vaticano.
Después de un día entero en la Ciudad del Vaticano y de seguir disfrutando a pie de las maravillas que ofrece Roma, visitamos el Panteón de Agripa en el que las columnas de granito gris que finalmente se usaron para reconstruir el templo proceden de la cantera del Monte Claudiano de Egipto. Desde allí fueron vueltas a poner en barcazas para subir por el río Tíber hasta Roma. 

En cuanto al qué comer en Roma, lo que a todos se nos viene primero a la cabeza es... ¡la pasta! Y, efectivamente, allá donde vayas habrá pasta, pizza, lasaña, canelones y más pasta. Aunque también puedes encontrar muchas otras ofertas alimenticias. Pero sí, la pasta y las pizzas en Italia son como de otro mundo. Por no hablar de las lasañas... ¡todo riquísimo!

Diferentes platos elaborados en restaurantes de Roma

El tercer día visitamos por dentro el Coliseo, el Foro Romano y el Palatino. De nuevo con visita guiada, nuestra excursión comenzó en lo que antiguamente era la arena en la que los guerreros luchaban o en la que se montaban espectáculos con animales, lo que hoy en día sería nuestro circo. 


El Coliseo es un anfiteatro de la época del Imperio Romano, construido en el siglo I y ubicado en el centro de la ciudad de Roma. Su denominación original fue el Anfiteatro Flavio, para hacer referencia a la dinastía Flavia de emperadores que lo construyó. Coliseo fue el nombre que se le otorgó posteriormente y así ha llegado a nuestros días. Se decidió llamarle Coliseo debido a una gran estatua que había cerca de él, el Coloso de Nerón, que no ha llegado hasta nuestros días ya que desapareció repentinamente y nunca nadie volvió a ver dicha estatua. Por su conservación e historia, el Coliseo es uno de los monumentos más famosos de la Antigüedad Clásica y por ello fue declarado Patrimonio de la Humanidad en en el año 1980 por la Unesco y, además, es una de Las Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno desde el 7 de julio de 2007.


Los materiales utilizados para su construcción son bloques de travertino, hormigón, madera, ladrillo, piedra (toba), mármol y estuco. En sus orígenes, fue construido con un aforo para unos 65.000 espectadores y contaba con un total de 80 filas de gradas. Y ahora, voy a dejar que escuchéis un poco de su historia de la mano de la que fue mi guía en la visita al Coliseo:





De allí pasamos al Foro Romano, realmente espectacular. La antigua ciudad de Roma a tus pies. Allí podemos ver, entre otra cosas, el Templo de Julio César donde fue incinerado. Cuesta creer que ciertas cosas se mantengan en pie y en perfectas condiciones cuando ocurrieron hace miles y miles de años.

Si paseamos por sus calles, también toparemos con el Templo de Castor y Pólux, el Templo de Rómulo, el Templo de Saturno, la Basílica de Constantino o el Arco de Tito. Todo merece la pena, nada tiene desperdicio. Así son las vistas del Foro Romano desde unos de sus miradores:






        

¡Cómo no ir a Roma y visitar la Bocca della Verità! Tras salir de nuestra visita guiada por el Coliseo, Foro y Palatino, nos dirigimos hacía esta tradicional leyenda, en la que tuvimos que hacer algo más de media hora para meter la mano en esta… ¡alcantarilla! Porque resulta que la Bocca della Verità es un resto del antiguo alcantarillado de Roma, por lo que de allí no va a salir nada que te muerda la mano. Así que si alguien quiere decir una mentira, puede estar tranquilo. 




Llegó el cuarto día del viaje y aprovechamos para ver la Plaza de España, que no habíamos visto aún y la la monumental escalinata de 135 peldaños que fue inaugurada por el papa Benedicto XIII con ocasión del Jubileo del año 1725. Esta escalinata lleva a la iglesia de la Trinità dei Monti. Justo en el centro de la plaza podemos encontrar la famosa Fuente dela Barcaza (Fontana della Barcaccia), del barroco temprano, esculpida por Pietro Bernini y su hijo, el célebre Gian Lorenzo Bernini.


Según cuenta la tradición, la fuente está inspirada en la llegada a la plaza de una barca durante la crecida del río Tíber, en la navidad del año 1598. Bernini tuvo que superar algunas dificultades técnicas en su construcción, debido a la baja presión con que corría el agua en esta zona, procedente del acueducto del Acqua Vergine. Al no ser posible habilitar ni manantiales ni cascadas, construyó una bañera de forma ovalada que envuelve a una barca semihundida. La fuente la completan elementos decorativos en forma de soles y abejas, símbolos de la familia Barberini a la que pertenecía el papa Urbano VIII.


Al sur de la fuente, se encuentra la columna de la Inmaculada Concepción, dogma católico con especial difusión entre los católicos españoles y muy cercana a esta plaza se encuentra la Via Condotti muy conocida en Roma por sus exclusivas tiendas. 



En esta plaza también podrás encontrar la Embajada de España ante la Santa Sede y la Orden de Malta. La Embajada de España ante la Santa Sede se encuentra en el Palacio de España o Palacio Monaldeschi. Este edificio viene realizando esta función desde el año 1647. Además, ejerce de embajada ante la Soberana Orden de Malta y también ante las Obras Pías de los Establecimientos Españoles en Italia. Se trata, según indican muchos, de la más antigua embajada permanente de un estado ante otro. Existe otra Embajada española en Roma, situada en la planta primera del Palacio Borghese, la cual ejerce en este caso la representación diplomática y consular española ante Italia y la República de San Marino.








Por último, y como no puede faltar cuando visitas Roma, nos compramos un helado en la heladería que se encuentra frente a la Fontana de Trevi y aprovechamos para hacernos las últimas fotos en “La Ciudad Eterna”. Y, realmente, es eterna, porque de manera eterna y permanente, Roma permanecerá en mi memoria, siempre. 



Antes de finalizar el viaje, quise tomar unas pequeñas declaraciones a dos de mis acompañantes en esta aventura, ¡veamos qué nos cuentan!:



Entrevistadas: Inmaculada Magro y María Saletta Magro. 


Con mucha pena y con ningunas ganas de irnos, nuestro viaje llegó a su fin y nos dirigimos al Aeropuerto de Roma-Fiumicino donde nuestro avión despegó sobre las 19:00 horas de la tarde del pasado 9 de diciembre de 2018. Llegamos a Madrid a las 21:00 horas y volvimos a las rutinas... ¡con lo bonito que fue pasear durante cuatro días por las calles empedradas de la ciudad de los emperadores! Volvimos de Roma sin absolutamente ninguna queja, a excepción de que los italianos tienen poca idea de conducir... como dicen nuestras entrevistadas. Ni una pizca de frío en pleno mes de diciembre, daba gusto estar y pasear al sol de esta bella ciudad... solo me queda decir: ¡Roma, me has encantado, te prometo que volveré!







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